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sábado, 5 de julio de 2008

Volvemos al ruedo

Si ya sé.... se preguntan porque me fui, porque volvi y mi respuesta es porque sí. Son tiempos difíciles en que la gente se centra en ver como llegar a fin de mes, como sobrevivir. Y entre idas y vueltas, mientras veía a mi hija armar un rompecabezas me vino a la memoria una pelusa que tenia guardada desde hace tiempo, del tiempo de mi niñez. Y esto me trajo a escribir aqui.
¿Tanto tiempo pasó y todavía te acordas? se estarán preguntando... y sí, los buenos recuerdos y los malos momentos siempre quedan. Y en aquella época en que no existía tanta tecnología, un buen rompecabezas, un Rasti, una pista de autos hecha en el cordón de la vereda ocupaba nuestro tiempo de juegos de la mejor manera. Nuestra mayor preocupación consistía en conseguir medias viejas para armar las pelotas tras la cual corriamos hasta bien entrada la noche, a menos que la pelota impulsada con demasiada fuerza, se estrellase e hiciera añicos el vidrio de la ventana, provocando un desbande generalizado y suspensión del partido por falta de garantías. El chasis de un camión abandonado a la vuelta de casa constituía el escenario perfecto para actuar el último capítulo del Gran Chaparral. Y el canal que pasa por la esquina de casa era el lugar perfecto para un safari, munidos de una gomera y una linterna atada en la cabeza, saliamos a cazar los más feroces... ¡sapos!.
Pasar de la tranquilidad de esos tiempos a la vorágine de estos, hace que a veces te olvides del niño que tienes dentro, del que disfruta realmente de la vida. Busquemos ese niño y dejemoslo correr por la casa, que nuestros hijos disfrutarán jugar con él.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Fiestas...

Ayer encontré otra pelusa en mi cabeza y lógicamente, referente a las Fiestas de fin de año. En mis épocas de niño la reunión era siempre en casa de mis abuelos maternos. Mi abuelo era carpintero y tenía el taller en el fondo de casa. Tablones y caballetes no faltaban para quien quisiera unirse a la mesa de la cena. No miento si digo que a veces pasabamos las 50 personas y sin embargo nunca faltaba comida o bebida. Después de los rituales de la comida, el bríndis de las 12, las lágrimas de las tías deseando un buen año, y los saludos por mi cumple (1ro de enero), los chicos quedabamos libres para reunirnos con nuestros amigos.

En la calle, con los amigos, podíamos estar hasta las 7 de la mañana (todavía se podía). Primero quemabamos cohetes fósforos (que nuestros papás compraban por tonelada) y las famosas baterías, que usabamos exclusivamente en el baldío de la vuelta. Allí vivían un par de borrachos, personajes famosos a lo largo de los años y que pasaban a ser parte decorativa del barrio. Con la seguridad de que ya tenían varias copas de más encima, utilizabamos las baterías para despabilarlos de su modorra.

Después de aturdir un poco a la cuadra en general, volvíamos a la calle, y con las bolsas de plástico en la cuales venían los fuegos artificiales, armabamos la famosa pelota de futbol para un picadito en el pavimento. Seguro que habían camperas que pasaban a ser los postes de los arcos, y los laterales no existían, a menos que la pelota entrase en algun pasillo o jardín. Se jugaban con tantas ganas que no advertíamos que la claridad del día empezaba a asomarse detrás del Cerro San Bernardo.

Mientras, los padres detrás de una mesa, y en el medio de una charla en las cuales salían las viejas anécdotas repetidas año a año, y los nuevos proyectos, notaban tambien la llegada del sol. Momento oportuno para desarmar ambas reuniones (la de los grandes y la de los chicos) y partir a descansar.

Pero no todo terminaba ahi, el sueño no se extendía mas allá del mediodía, por lo tanto el barrio empezaba a moverse a esa hora. El siguiente paso era almorzar a las apuradas, porque el vecino de la esquina comenzaba a preparar el camión. Una vez listo el vehículo, y todos los chicos y algunos grandes, partíamos al río o a algun camping. Sí, todo el grupo de vecinos juntos. Sin diferencias de edad, clase o color.

Hace mucho tiempo que no prestaba atención a esta pelusa, y es de las mas importantes de mi niñez, cuando los amigos (del corazón) abundaban. Una hojita más en el árbol de la vida.

Saludos

Dani